viernes, 19 de abril de 2013

TODO SOBRE CARINA


Lejos quedaron los tiempos en los que Carina Zampini viajaba en el 166 de Haedo a Palermo y la gente la paraba y la insultaba. “Vos sos una h de p…”, cuenta que le decían. Era la época de su debut en la televisión, con la malísima Carla Lucero de Por siempre mujercitas .
A pesar de que durante su carrera interpretó personajes de lo más diversos, el público siempre la recordó como la malvada. Pero un día, eso se terminó. Y el cambio llegó de la mano de Victoria Bandi, quien noche a noche enamora al público, junto a Sebastián Estevanez, en Dulce amor(Telefe). “Para mí, es como un regalo todo esto. Hace 18 años que laburo, y la gente me tenía identificada con las malas”, relata, y opina que este protagónico la desvinculó, “así, sin esperarlo”, de los personajes de villana, su marca registrada. “Está bueno también que la gente se identifique, crea y vivencie lo que hacés desde un personaje que cuenta otra cosa”, opina.
Sin embargo, si le dan a elegir entre las “buenas” o las “malas”, Carina elige a las últimas. “Son personajes que tienen muchos matices, te sacan todo el tiempo de la rutina, tienen mucha acción, son el hilo conductor”, analiza.
Ahora prueba las mieles de ser la heroína, con un público que la trata diferente: “No me putean como cuando hacía de mala, que es muy importante. Ahora salgo y siempre hay gente en la puerta. Las chicas te saludan, te dicen ‘¡Victoria!’, y parece que se les va la vida por ver a ese personaje”.
Zampini parece estar en un momento fantástico. Separada desde hace dos años, se tomó un descanso en 2011, para reacomodarse. “Me ayudó a terminar de estabilizarme después de tanta movida”, describe. Luego, todo fluyó. “El bienestar en principio es absolutamente personal, y después, eso se comparte con el entorno. En general, cuando uno está bien, todo lo que sucede con el alrededor es bueno. Estoy en un momento así, estoy en pareja y estoy bien; estoy trabajando, y contenta”, cuenta. Madre de un hijo de 13 años, se reparte entre las diez horas de grabación diaria y sus tareas domésticas.
Carina atribuye la buena recepción de la tira que protagoniza a varios factores. “Es una propuesta sana y blanca, en un horario nocturno. Eso es algo que la gente no veía desde hace mucho tiempo. No tiene violencia, no tiene alto voltaje, no es oscura”, afirma. Y y sigue: “Tiene unos autores increíbles. Nosotros no cambiamos nada de los libros. Estamos por el capitulo 116, y no sentimos la reiteración de las situaciones, cosa que no es fácil en una tira. Cada personaje está bien elegido para lo que hace, y cada uno trabaja con todo lo que tiene para hacer lo mejor posible”.
Y agrega: “Que una pareja en una ficción en esta época, año 2012, se haya besado por primera vez en el capítulo 40 y pico y haya tenido un encuentro íntimo en el capítulo 90 y pico es increíble. Eso sostiene el programa. Y que la gente esté esperando a ver cuándo eso sucede”, dice. “Es como en la época de Rolando Rivas”, define.
Luego se lanza a hablar de la pareja central, la que forma con Sebastián Estevanez. “La gente, de Marcos y Victoria, no se olvida más. De Marcoria, como lo llaman. Es una cosa superlativa dentro de lo que es una ficción que la gente lo viva así. Están esperando todo el tiempo a ver qué pasa con estos personajes”. Define la relación con su colega como química pura: “No se puede ni prever, ni buscar ni castinear . Hay una química, una cosa que sucede entre los personajes, entre Sebas y yo, que esta ahí. No tiene que ver con nada, con si sos más o menos talentoso. Es feeling con el otro”.
Zampini y Estevanez habían trabajado juntos en Franco Buenaventura , pero casi no habían compartido escenas. Se encontraron con la propuesta de Quique Estevanez paraDulce amor , y empezaron a trabajar mucho antes de que la tira saliera al aire. Pegaron onda enseguida. “Somos similares desde el punto de partida de cómo miramos el trabajo y muchas cosas de la vida”, cuenta, y destaca: “las escenas con Seba tienen un tono de comedia romántica, me divierto mucho grabando con él. Nos tentamos mil veces. El tiene una frescura que me facilita mucho el trabajo”. Zampini admite que adopta muchas características de su compañero: “Nos complementamos muy bien. Hay escenas, tirando más a lo dramático, en las que Sebas agarra más cosas mías, y hay otras más frescas, más libres, donde yo agarro muchas cosas de él. El no para de proponer. Me siento tan cómoda que me permito hasta hacer la escena de sexo que hicimos”.
Varias veces Carina hace referencia a la importancia de tener un buen grupo de trabajo. Siente que eso sucede en Dulce amor , y asegura que no tiene que ver con el buen rating. “Estuve en programas muy exitosos en los que el día a día no se pasa bien. Que el programa mida distiende las presiones, pero los egos están o no”, explica. Ella está alejada de todo divismo y se la ve trabajadora y enamorada de su profesión. No sueña con ser una “estrella” con todo lo que eso implica. “Yo soy así. No podría ser de otra forma porque soy esto. Amo mi laburo, soy una trabajadora. Trato de hacer algunas pequeñas cosas que tienen que ver con la necesidad del medio. Si vas a un evento, estar producida. Sé que me tengo que cuidar. No vivo pendiente de la imagen. Soy una mujer muy común. Para mí, ser una diva sería un trabajo”, explica.
Su felicidad pasa por otro lado: “No tengo ambiciones con respecto al trabajo en cuanto a perseguir un sueño y que si no lo logro, es un fracaso. Mi aspiración es trabajar, hacer lo que me gusta y poder vivir de eso. Soy más feliz encontrando buenos espacios de trabajo que si logro hacer un exitazo”, asegura, aunque no se olvida de agregar: “Si están las dos cosas, como ahora, buenísimo”.

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